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Familias, Pediatras y Adolescentes en la Red. Mejores padres, mejores hijos.

Revista electrónica de información para padres de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap)

¿Repercute en los hijos la violencia del hogar?

Pepa Horno Goicoechea. Psicóloga.

Las visiones simples de los problemas siempre son las más fáciles de creer. Por ejemplo, creer que sólo soy víctima de violencia cuando me pegan o me insultan, y no cuando me ignoran, o cuando me dejan solo, o cuando me obligan a romper las relaciones con la gente que amo. O, por ejemplo, creer que, si alguien que me quiere ve que me están pegando, no va a sufrir, también, por el daño que me están haciendo. La violencia no es un tema sólo de quien agrede y quien es agredido; es algo que nos afecta a todos.

Lo más difícil de la violencia es verla, ser consciente de ella, verla cuando nos está pasando o cuando está sucediendo ante nosotros. Pero, además de verla, es difícil percibirla, no sólo en sus formas más extremas sino cuando comienza, en esas formas sutiles a las que estamos tan acostumbrados, que ni siquiera percibimos, a veces, como violencia: los gritos, los insultos, los chantajes, las manipulaciones…Son vivencias en las que otra persona abusa de nosotros porque puede, porque tiene poder para ello. Quien es violento o violenta elige siempre a la persona más vulnerable posible, o bien, somete a la persona elegida a un proceso de anulación y de aislamiento que la vuelve vulnerable.

Hay algo que une a todas las víctimas de la violencia, que ellas y ellos describen perfectamente: un sentimiento, una emoción que, cuando llega, lo impregna todo, impidiéndoles pensar, relacionarse o decidir: el terror. La violencia empieza mucho antes de la primera paliza, y, en el caso de la violencia dentro de una casa, empieza cuando el terror se instala en ese hogar. Y empieza para todos y todas las que viven en él. Pensar, por ejemplo, que un niño o niña es menos víctima de la violencia que sufre en un primer momento su madre porque, en vez de sufrir él o ella también la paliza o presenciarla directamente, la está oyendo desde el piso de arriba, es no entender qué es la violencia.

La violencia en el hogar daña a todos los que viven en él, sean quienes sean; les hace vivir controlando el miedo; les enseña que la violencia es un modo de afrontar los problemas; les enseña que el fuerte siempre puede abusar del débil; les enseña a unir en su corazón el amor y la violencia, porque justo las personas que quiero y me quieren son las que se agreden entre sí y/o me agreden a mí; en cualquier caso, me enseñan que las relaciones afectivas no son un lugar seguro, sino más bien amenazante. Y ése es un mensaje que me va a costar olvidar; por eso es muy probable que el miedo siga dentro de mí en otras áreas de mi vida.

Pesadillas, trastornos de alimentación, dificultad para relacionarse, fobias y miedos repetidos, problemas escolares, ansiedad, depresión…Los niños y niñas sufren la violencia del hogar, aunque nunca se les haya puesto la mano encima. No son víctimas indirectas de la violencia; son parte de esa violencia y, además, pueden aprender a relacionarse violentamente, agrediendo o siendo agredidos de nuevo. Exigen una respuesta, una atención específica para ellos y ellas, con recursos terapéuticos y educativos, con gente que sepa tratarlos y que los acompañe emocionalmente en todo el camino que habrán de recorrer para romper con ese miedo y ese silencio.